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Yo me bajo aquí

Hace mucho que no me sentaba a escribir aquí. Este blog, que ha sido una especie de diario para mi, como una amiga silenciosa que aguantaba mis ilusiones, mis castillos en el aire; mis tristezas, mis lágrimas, mis golpes contra la realidad… Es justo y, para mi, necesario sentarme a contaros a vosotras, a las que estáis ahí conmigo desde el principio, a las que habéis alcanzado vuestro sueño y a las que no, contaros que yo me bajo aquí.

Tal vez no he sido tan fuerte como debiera, puede que no haya sabido gestionar bien el estrés, es probable que no merezca ser mamá sino soy valiente como para seguir en la lucha por conseguir ese deseado positivo.

Hoy hace un año aproximadamente –unos días atrás– que tuvimos nuestro primer negativo. Desde entonces, en este año, han sido otras dos transfer con el mismo triste resultado y muchas pruebas. Muchas noches yendo a la cama con los ojos bañados en lágrimas. Muchos días en los que sonaba el despertador y no quería salir de la cama. Y no, eso no es vida. No. Esa no soy yo. Necesito encontrarme allí donde me quedé y es por ello que, ahora en mi cuarta y –al menos por un buen tiempo– última betaespera me siento con ánimo para volver a escribir esto que leéis.

Después de mucho pensarlo. De decir, decidir, volver a cambiar, de decidir para luego desdecirnos a los pocas horas, mi pareja y yo sí hemos tomado una decisión clara. El miércoles próximo, el 29 de abril, esto terminará. Si es positivo, bienvenido sea, no hay lugar a dudas. Si sigo sin encontrar esas dos ramitas rosa que, para nosotras, parecen una leyenda urbana, pararemos ininterrumpidamente. No puede ser que hayamos invertido casi dos años de nuestra vida –hace justo dos años nos hicimos las pruebas de fertilidad en la que ya nos dijeron que necesitaríamos ir a FIV– en llegar a esto, en llegar a nada. No dudo que ser papás es algo maravilloso, que no habrá nada comparable, por supuesto. Pero no es menos cierto que tan importante como tomar la decisión de empezar en este mundo exige estar preparados es saber decir basta, ya, hasta aquí. Me planto.

Nosotros nos plantamos, al menos, por un tiempo indefinido. Sigue leyendo

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