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Cuando todo te recuerda a…

Hoy una persona muy especial y querida para mi ha tenido su primera y espero que única punción. Todo mi cariño y apoyo va para ella. No he podido evitar tener una maraña de recuerdos que me llevan al 8 de febrero de 2014, sábado. Fue mi punción. Hasta ahora primera y única… Si me acuerdo tan bien del día es porque la noche antes estábamos en un concierto de Manuel Carrasco.

Cuando pienso en aquellos momentos parece que siento las lágrimas caer por mis mejillas. Iba entrando a ‘quirófano’ –lo entrecomillo porque me sigue sonando ‘fuerte’– e iba pensando cómo y porqué estaba yo allí, el porqué iba a tener que pasar por todo eso para ser mamá, algo tan sencillo y natural para muchísimas mujeres… Pues chica, la vida es así, a mi me ha tocado esto. A otras batallas más duras… Un beso enorme para esa maravillosa mujer que se que será mamá y que hoy ha pasado por algo por lo que hemos pasado muchas. Siempre digo que no es tanto lo físico del tratamiento, sino sobre todo lo que supone a nivel psicológico. Ya veis. Aquí sigo yo, año y medio después, sintiendo lo mismo que aquella mañana de febrero en Marbella…

Como va a coincidir año nuevo, otros intentos por delante y disco de estreno de Carrasco, comparto con vosotros el primer single. En abril lo veo en directo en Barcelona. Que sigan las ilusiones, adelante con los planes, que nada nos detenga. Que esta lucha por ser madres, que el tratamiento de reproducción asistida en el que unas y otras estamos más o menos inmersas no haga que se paralice el resto de nuestra vida, de días como hoy y como mañana. Abrazo fuerte, amigas.

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No es fácil

No sé bien cómo ni por qué pero llevo varios días algo decaída. Supongo que el problema es mi cabeza. No dejo de darle vueltas al tema. Me cuesta horrores desconectar y siento que ahora mismo toda mi vida gira en torno a un proyecto -ser mamá- que nada ni nadie puede asegurarme que se hará realidad.

Hoy está siendo especialmente duro. De nuevo me pregunto por qué. Por qué hoy. Por qué así. He intentando aguantarme las ganas de llorar con mi madre, que lleva en casa desde el jueves, y lo he conseguido. Hoy ha vuelto para Málaga, de donde soy, y nada más despedirla he roto a llorar. Mi chico intentaba consolarme y tranquilizarme. Dice que no debo sentirme así, que lo más difícil, entre comillas, ha pasado. Ahora solo queda esperar, la transfer y pensar que todo va a ir bien. Sin embargo yo siento que me queda lo más complicado del camino. Volver a la clínica, recibir a mis huevitos, acogerlos bien, que se agarren fuerte a la vida, que llegue la hora de la betaespera y que de positivo. Pero claro, como podéis imaginar, en mi cabeza ronda el, ¿y si es negativo? No puedo evitarlo. De verdad lo intento.

Después de comer me he metido en la cama, con la idea de dormirme y no despertar hasta mañana, o al menos hasta la noche… pero no he logrado pegar ojo. Mientras me tapaba la cabeza con las sábanas intentaba pensar en esas imágenes que me hacen tener fuerza, esas especie de fotografías del futuro que me animan a sonreír y a pensar que no tiene por qué ir mal. La que más me acompaña es verme el próximo verano, junto a una de mis mejores amigas -ella lleva dos abortos y está de nuevo embarazada, no imagináis lo mucho que pido al de Arriba que la proteja en este nuevo intento-, comiendo helado en la playa. Las dos con nuestra barriguita y sin dejar de reírnos sobre los muchos antojos de dulces que tenemos y como nos da miedo subirnos a la báscula.

Pues eso. No es fácil. Pues eso. Y lo intento, de verdad. Hoy me levanté de la cama, de esa siesta frustrada, y me puse a hacer punto de cruz -me entretiene mucho las neuras-, después he arreglado la casita de los caracoles de mi sobri y ahora me he preparado la comida y los tuppers para esta semana. Esta va a suponer otro mini reto en mi camino, ya que probablemente el viernes tenga cita con el Doc para ver qué tal me estoy recuperando de la supuesta hiperestimulación de mi primera FIV

Gracias por leerme. Y por estar ahí. Voy a ver en qué ocupa ahora la mente en este cachito de domingo que aún queda. Nunca pensé que lo diría pero el trabajo y el gimnasio, el día a día de lunes a viernes, es lo que me hace estar distraída en otras cosas. Aunque me cueste concentrarme en la ofi, los días se me pasan volando y ahora mismo es lo que quiero.

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Este viernes, ¡cita con mi cigüeña!

Ya tenemos fecha de transferencia. Ya le voy viendo el final a esta primera FIV y por ahora todo marcha tan bien que siento que estoy en un sueño del que no quiero despertar, la verdad.

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Me han llamado esta mañana desde la clínica con buenísimas noticias: Todo sigue adelante. Los huevitos están de lo más agustito en la incubadora y van progresando muy bien. En su mayoría, según me han explicado, van evolucionando muy bien: “Casi todos son de tipo A (muy buenisíiisimos), hay otros de tipo B (buenos) y solo uno de tipo C (regulín), lo que nos da fantásticas perspectivas”. Así que van a alargar lo máximo que pueden la estancia de mis proyectos de bebés en el laboratorio para que el viernes pasen a vivir ojala que por nueve maravillosos meses en mi vientre.

Estamos tan ilusionados, que solo a veces me viene un chispazo que me invita a poner los pies en el suelo. Todo marcha genial, de verdad, pero soy consciente de las probabilidades que hay de conseguir este deseadísimo embarazo y cuanto más alto subamos más alta puede ser la caída. Sigue leyendo

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Punción ovocitaria… ¡Superada!

Ahora mismo no sé bien por dónde empezar. Si por mis sensaciones anoche, mientras hacía mías las canciones de Manuel Carrasco; las de esta mañana, con ánimo e ilusión, pero deseando estar ya de vuelta a casa; o lo que pasó por mi cabeza cuando me vi ya en la camilla esperando que me pasaran a quirófano… Me quedo seguro con dos cosas. La primera, ¡18 ovulitos! Y parece ser que 12 de ellos son maduros. No sabéis la alegría que nos ha dado a mi pareja y a mi cuando la doctora ha venido a ver qué tal estaba y a contarnos. Nos ha dicho que está genial, que ellos esperaban unos 10 o 12 y se han llevado una gratísima sorpresa. ¡Bravo!!!

En ese mismo instante he respirado aliviadísima, por el ‘run run’ que tenía en la cabeza por el tema de la medicación. Hoy de camino al hospital solo hacía pensar… ¿Me habré puesto bien el Ovitrelle??? ¿Qué me va a decir el Doc cuando le cuente lo que (no) me pasó??? Hasta se lo conté, que con los nervios tuve una confusión y tal y tal y tal. Pero bueno, parece que lo hice bien, amigas.

La verdad es que todo transcurrió muy bien. Llegamos media hora antes -yo soy así de ‘apretá’-, estuvimos esperando y a las diez en punto vinieron a por mi. Mi chico no podía acompañarme, así que nos echamos la más bonita de las miradas, nos dimos un beso y nos despedimos. ‘En una horita nos vemos‘. Él se fue a desayunar y yo rumbo a lo desconocido… Me puse mi bata, mis patucos y el gorro típico de quirófano y me llevaron hasta una cama. Una manta, me pusieron antibióticos vía venoso -no sé si se dice así!- y a esperar una media horita.

A las diez y media -imagino que sería esa la hora, que era lo previsto, pero tenía perdida la noción del tiempo- pasamos a quirófano. La verdad es que, por suerte, es la primera vez que entro en uno. No me asusté ni me puse algo más nerviosa hasta que me tumbaron en la camilla y empezaron a preparar ‘el tema’. De estos momentos solo recuerdo el frío. ¡Estaba tiritando!!! Entre los nervios y que realmente la temperatura estaba muy baja, intenté relajarme y concentrarme para no dar el espectáculo, la verdad. Pero el caso es que no recuerdo nada más. ¡Nada! Ni la anestesia. No sé si es que me desvanecí o que mi mente ha borrado ese pequeño episodio.

Cuando desperté allí estaba mi niño. Con esos ojazos azules, mirándome aliviado. A un lado él. Al otro, la doctora, Ángela. Qué bonito nombre, ¿verdad? Ella nos informó de todo, nos dijo lo de los 18 óvulos, los 12 maduros y me dijo que descansara, que intentara dormir. Sigue leyendo