33

¡Ya están conmigo!

No tengo palabras para describir cómo me siento. Cómo me sentía ayer. Supongo que realmente aún no soy consciente de que ayer me quedé embarazada. En teoría así es y como tal me lo quiero y creo que me lo debo tomar. Ha sido tener conmigo a Melli y Zos y llegar la tranquilidad y el sosiego a mi mente.

La transferencia fue ayer, amig@s, como ya sabéis, y todo marchó muy bien. La verdad es que me desperté y fui por el camino más nerviosa que para la punción. Creo que ante todo tenía –tengo- ganas de terminar con este proceso y de que mi cabeza vuelva a ser mía, que pueda, al menos en cierta medida, controlar mis pensamientos o emociones. Ya digo, en la medida de lo posible, porque estos meses han sido un carrusel de sentimientos, como os pasa a vosotras según me contáis por aquí.

A las diez entré en el hospi, bata, gorrito, patucos… a la cama… sedación… y tengo solo unos leves recuerdos del quirófano. Mi pareja no me pudo acompañar al final. Al ser con sedación el anestesista nos dijo que mejor esperara fuera. No sé. Si yo hubiera sido él me habría gustado entrar pero entiendo que estando yo dormida tampoco había que darle más vueltas.

Al ratito salí. ¡Lista mi transfer de embriones! Y después desperté ya en la cama, mis pequeños estaban conmigo. Deben seguir ahí, ahora, y yo no paro de ver estas fotos. ¡Sus primeros retratos!!! Y la verdad es que lo que siento dentro es tranquilidad, mucha tranquilidad. La verdad es que la betaespera, en principio, no me parece exasperante. Creo que acumulaba ya tanto nervio y altibajos que igual ahora llega la calma a mí.

La prueba de embarazo será el lunes 14 de abril. Es decir, ¡no queda nada!!!! Este finde se me pasará volando, lo sé, porque así pasan todos. Y en semana será un reto. Ir al trabajo, concentrarme y cuidarme. A ver si sigo así jajaja ¡ESO ESPERO!  Sigue leyendo

Anuncios
12

Punción ovocitaria… ¡Superada!

Ahora mismo no sé bien por dónde empezar. Si por mis sensaciones anoche, mientras hacía mías las canciones de Manuel Carrasco; las de esta mañana, con ánimo e ilusión, pero deseando estar ya de vuelta a casa; o lo que pasó por mi cabeza cuando me vi ya en la camilla esperando que me pasaran a quirófano… Me quedo seguro con dos cosas. La primera, ¡18 ovulitos! Y parece ser que 12 de ellos son maduros. No sabéis la alegría que nos ha dado a mi pareja y a mi cuando la doctora ha venido a ver qué tal estaba y a contarnos. Nos ha dicho que está genial, que ellos esperaban unos 10 o 12 y se han llevado una gratísima sorpresa. ¡Bravo!!!

En ese mismo instante he respirado aliviadísima, por el ‘run run’ que tenía en la cabeza por el tema de la medicación. Hoy de camino al hospital solo hacía pensar… ¿Me habré puesto bien el Ovitrelle??? ¿Qué me va a decir el Doc cuando le cuente lo que (no) me pasó??? Hasta se lo conté, que con los nervios tuve una confusión y tal y tal y tal. Pero bueno, parece que lo hice bien, amigas.

La verdad es que todo transcurrió muy bien. Llegamos media hora antes -yo soy así de ‘apretá’-, estuvimos esperando y a las diez en punto vinieron a por mi. Mi chico no podía acompañarme, así que nos echamos la más bonita de las miradas, nos dimos un beso y nos despedimos. ‘En una horita nos vemos‘. Él se fue a desayunar y yo rumbo a lo desconocido… Me puse mi bata, mis patucos y el gorro típico de quirófano y me llevaron hasta una cama. Una manta, me pusieron antibióticos vía venoso -no sé si se dice así!- y a esperar una media horita.

A las diez y media -imagino que sería esa la hora, que era lo previsto, pero tenía perdida la noción del tiempo- pasamos a quirófano. La verdad es que, por suerte, es la primera vez que entro en uno. No me asusté ni me puse algo más nerviosa hasta que me tumbaron en la camilla y empezaron a preparar ‘el tema’. De estos momentos solo recuerdo el frío. ¡Estaba tiritando!!! Entre los nervios y que realmente la temperatura estaba muy baja, intenté relajarme y concentrarme para no dar el espectáculo, la verdad. Pero el caso es que no recuerdo nada más. ¡Nada! Ni la anestesia. No sé si es que me desvanecí o que mi mente ha borrado ese pequeño episodio.

Cuando desperté allí estaba mi niño. Con esos ojazos azules, mirándome aliviado. A un lado él. Al otro, la doctora, Ángela. Qué bonito nombre, ¿verdad? Ella nos informó de todo, nos dijo lo de los 18 óvulos, los 12 maduros y me dijo que descansara, que intentara dormir. Sigue leyendo